1. Home
  2. ACTUALIDADOpinión
  3. Algo infinitamente mejor | ‘Reflexiones del alma’ de Águeda Rey
Algo infinitamente mejor | ‘Reflexiones del alma’ de Águeda Rey

Algo infinitamente mejor | ‘Reflexiones del alma’ de Águeda Rey

25
0

Me ha ocurrido muchas veces y siempre acabo triste. De tantas como han sido no puedo ni decir un número. Sacerdotes y laicos que se me acercan para rezar por mí imponiéndome las manos con la esperanza de curarme por su intercesión. Me entristece ver la decepción en sus ojos.

Me gustaría decirles que recibo mucho más de lo que piensan, porque la curación del cuerpo es fácil en comparación con la curación y transformación del corazón; y yo necesito mucho más de ésta que de aquélla. Hasta el momento, la transformación ya ha sido gigantesca, pero no completa.

En la época de Jesús la gente se le acercaba y con sólo tocar la orla de su manto se curaban. Ahora que tenemos una intimidad con Él infinitamente superior por la Comunión, no hay tantas curaciones.

Es razonable preguntarse por qué, aunque yo no perdería el tiempo. Sin embargo creo que el mismo Jesús esboza una explicación en un pasaje relatado por los tres sinópticos y creo interesante verlo aunque me vaya un poco del tema que quiero contar. Es el del paralítico que sus amigos descuelgan por el techo (Mt 9,1-8; Mc 2,1-12; Lc 5,17-26). En todos los casos dice de forma parecida lo siguiente:

Él, viendo la fe de ellos, dijo: «Hombre, tus pecados están perdonados». 

La fe de ellos es grande, pero Jesús vio en esa fe algo diferente al resto, porque le concede lo más grande, el perdón. O sea, aquello por lo que Dios se ha encarnado. Supongo que el resto de sanados también fueron perdonados, pero los Evangelios no lo cuentan. Y supongo también que en este caso Jesús tenía la intención de lo que ocurre después: ante los malintencionados pensamientos de los fariseos, Jesús dice:

¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate y echa a andar”? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados —dijo al paralítico—: “A ti te lo digo, ponte en pie, toma tu camilla, vete a tu casa”».

Está claro que es mas fácil decir que los pecados sean perdonados, ya que el resultado no es palpable, pero no más fácil hacerlo, dado que sólo Dios puede perdonarlos. Qué inteligente golpe de efecto para dejar claro a los fariseos que están ante el mismísimo Dios.

Con esto, yo entiendo que está diciéndonos que la razón de las curaciones es mostrar el sentido real de su venida, que Dios se ha hecho hombre para perdonar a los hombres sus pecados y darles la Vida eterna. Con su muerte, resurrección y ascensión queda todo dicho. Por ello las curaciones de ahora son testimoniales de ámbito particular.

Bueno, ya me he pasado con el inciso; ahora que me acuerde de lo que quería contar. A ver cómo encuentro el hilo.

Ahora hay menos curaciones, pero haberlas haylas. Por ello nunca pierdo la esperanza. Pero quiero decir que para mí, cada vez que surge la oportunidad de la intercesión, experimento un nuevo Getsemaní.

Una lucha interior entre mi particular «si es posible, pase de mí este cáliz» y la libre aceptación del «pero no se haga mi voluntad sino la tuya». No penséis que por ser duro no estoy dispuesta; muy al contrario, es ocasión de renovar mi entrega amorosa a Dios.

Y nadie debe pensar que Dios no escucha nuestras plegarias, como tampoco desoyó la de Jesús. No nos da lo que pedimos porque, no dándonoslo, nos puede dar algo infinitamente mejor.

A Jesús le dio, no sólo su propia resurrección, sino lo que es su Gloria; en palabras de S. Ireneo de Lyon:

La Gloria de Dios es que el hombre viva 

Es decir, nos abre de par en par las puertas del Cielo para una Vida plena como hijos de Dios y así Él es glorificado.

Y a mí ¿qué me dará? La vida eterna ya me parece mucho, pero seguro que no se deja ganar en generosidad. Esta es mi esperanza:

«Bienaventurados los que lloran porque ellos serán consolados» (Mt 5,5).  

 

Águeda Rey tiene Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA). Ella dice que la enfermedad «ha transformado mi vida. Ahora soy feliz y disfruto cada instante que la vida me pone por delante. Católica, casada, madre de tres hijos». En este enlace puedes ver el vídeo a la entrevista con Águeda Rey y su marido Alejandro Rodríguez para @MaterMundiTV

(25)

DONA AHORA