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Esta religiosa acompaña a los condenados a muerte en sus últimos momentos

Esta religiosa acompaña a los condenados a muerte en sus últimos momentos
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(ACI) Sor Gerard Fernández, hermana del Buen Pastor, lleva más de 30 años trabajando con mujeres en el corredor de la muerte en Singapur.

En 1981 la religiosa de Singapur comenzó a escribir a una presa condenada a muerte, Catherine, una niña “dulce y sencilla” que había asistido al colegio religioso de su congregación y que años después cometió el brutal asesinato de dos niños pequeños.

Durante años la hermana Gerard visitó a Catherine en prisión, a menudo rezaban durante horas. El día de su ejecución, la condenada pidió que la hermana Gerard la acompañara en esos últimos momentos.

En este tiempo la hermana Gerard ha acompañado a 18 mujeres en una situación similar. Según explicó, “una condena a muerte no es algo que uno acepte fácilmente”, por eso asegura que “se necesita un tiempo para que la persona acepte su destino”.

Acompañarles en ese tiempo es, según declaró, parte de su llamada. “Los condenados a muerte necesitan mucho apoyo mental, espiritual y emocional”, aseguró.

“Querría ayudarles a que entendieran que con perdón y sanación, pueden ir a un lugar mejor”, explicó.

La religiosa recordó otro caso de una presa que le dijo desde su celda que su presencia le traía consuelo.

“Que alguien comparta sus penas más profundas y permita entrar en su corazón durante sus últimos momentos es amor y confianza al más alto nivel”, aseguró emocionada.

El trabajo que ha realizado durante todos estos años la hermana Gerard ha sido valorado por el Servicio de Prisiones de Singapur por su “dedicación, pasión y sacrificio” que continúan “inspirándonos a todos, así como a muchos otros que dan su tiempo y esfuerzo para apoyar a los reclusos y sus familias”.

La madre de un narcotraficante ya ejecutado recuerda que la amistad de la hermana Gerard fue “muy positiva” en la vida de su hijo en el corredor de la muerte. “Ella nunca lo juzgó ni se dio por vencida”, aseguró la madre. Según explicó la “ira y el resentimiento” que tenía su hijo se transformaron con la amistad de esta religiosa “en aceptación y remordimiento”.

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