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Película de abuelos: el valor de la experiencia

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(Cinemanet) En los tiempos que corren, a menudo ahogados por el pesimismo, Abuelos supone una bocanada de aire fresco, positivo, divertido, optimista. Porque así es la ópera prima de Santiago Requejo: una comedia (o una dramedia) muy simpática que emociona porque toca dos grandes temas de gran actualidad: la familia ‒y la importancia de las relaciones intergeneracionales‒ y el paro.

 

 

Abuelos cuenta la historia de Isidro (Carlos Iglesias), un hombre de 59 años, prejubilado, pero con unas ganas inmensas de volver a trabajar. El problema es que, por más que busca algún puesto, en todas las ofertas le dicen que ya es demasiado viejo. Es entonces cuando, después de mucho buscar, se le ocurre emprender. ¿El qué? Con la ayuda de Arturo (Roberto Álvarez), un conocido escritor de novelas románticas, aunque venido a menos, y de Desidero (Ramón Berea), un jubilado con muchas ganas de ser abuelo, decide montar una guardería.

Requejo, al mando de la dirección de este barco, coescribe el guion con Javier Lorenzo y, aún a pesar de ser, para los dos, su primer largometraje ‒Requejo había dirigido varios cortos, de los que es especialmente destacable Ser madre es un plus‒, lo han bordado. Sí es verdad que, a ratos, hay algún altibajo en el ritmo pero, por lo general han hecho un buen trabajo.

Se nota que detrás hay muchas escrituras y reescrituras. No solo porque los personajes principales están bien perfilados, sino porque también los secundarios tienen fuerza: no sobran y dan mayor hondura a los protagonistas y en todos se dibuja muy bien el arco de transformación. Además, los diálogos ‒que provocan algunas de las mejores risas‒ no son falsos ni manidos, sino muy reales.

 

 

En cuanto a los actores, Iglesias, Álvarez y Berea forman un trío formidable. Han sabido meterse en el papel de señores mayores con corazón de chiquillos que tienen ganas de jugar. No en vano, como cuenta el propio Santiago Requejo en esta entrevista, Berea decía que “todos tenemos la misma edad pero en momentos diferentes. Hay jóvenes que pasan años ‘de vejez’ tirados en un sofá”.

Así, algunos de los momentos más simpáticos de las película son cuando están los tres juntos: charlando de sus penas en el banco del parque, o delante del que les puede dar un préstamo de mucho dinero, pero que, para ello, necesita un “business plan”. O cuando Isidro pregunta, sorprendido: “¿Qué es una star trak?”.

A todo ello, Abuelos no sería lo mismo sino fuera por la banda sonora de Íñigo Pírfano, que ya había trabajado en cine, con la película El sudor de los ruiseñores. Gracias a la música orquestal, Pírfano realza la historia, dándole, incluso, en algunos momentos, una solemnidad y emoción que no tendría lo que, al fin y al cabo, no deja de ser una capítulo normal del día a día, aunque muy bien contado.

En definitiva: una historia dramática muy capriana que, sin sensiblerías y gracias a la interpretación, guion, personajes y música, se convierte en una comedia que gustará a más de uno.

 

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