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En su festividad, realizamos la oración del abandono de Edith Stein

En su festividad, realizamos la oración del abandono de Edith Stein
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Hoy celebramos la festividad de Edith Stein, mujer filósofa, adelantada a su tiempo, era de origen judío que se convierte al catolicismo en 1921 convirtiéndose en monja carmelita y llegando a ser mártir y santa. Detenida por la Gestapo, fue deportada el 2 de agosto de 1942 e internada en el campo de exterminio nazi de Auschwitz, en el territorio polaco ocupado, donde sería asesinada siete días después. Fue beatificada en 1987 y canonizada el 11 de octubre de 1998 por el Papa San Juan Pablo II.

La conversión de Edith Stein estuvo precedida de una larga búsqueda intelectual y espiritual que se extendió desde 1916 a 1921. A lo largo de este periodo leyó y estudió los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola y las Confesiones de San Agustín, entre otros. La primera etapa de su conversión fue una experiencia de cambio durante una visita a la catedral de Fráncfort, donde conoció a una mujer que venía del mercado para hacer una corta oración, como una visita, y que luego se fue. Stein lo explicaba asi: «Para mi fue algo bastante nuevo. En las sinagogas y templos que yo conocía, íbamos allí para la celebración de un oficio. Aquí, en medio de los asuntos diarios, alguien entró en una iglesia como para un intercambio confidencial. Esto no lo podré olvidar jamás».

 

«No quiero buscar comprender tus caminos…»
Déjame Señor,
seguir ciegamente tus senderos.
No quiero buscar comprender tus caminos;
soy tu hijo/a,
Tú eres el Padre de la sabiduría
y eres también mi Padre,
y me guías en la noche;
llévame a Ti.
Señor, que se haga tu voluntad:
¡Estoy listo/a!
También si en este mundo
no apagas ninguno de mis deseos,
Tú eres el Señor del tiempo,
el momento te pertenece,
tu eterno presente quiero hacerlo mío,
realiza en mí
lo que en tu Sabiduría prevees:
si me llamas al ofrecimiento en el silencio,
ayúdame a responder,
haz que cierre los ojos
a todo lo que soy,
para que, muerto/a a mí mismo/a,
no viva sino para Ti.

Por Edith Stein

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