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El decálogo para los Nuncios que propone el Papa

El decálogo para los Nuncios que propone el Papa
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(ACI) Al recibir esta mañana en la Sala Clementina del Vaticano a los participantes de la reunión de representantes pontificios que se realiza del 12 al 15 de junio en Roma, el Papa Francisco propuso un decálogo para los nuncios.

El Santo Padre entregó a los presentes “una especie de «decálogo que, en realidad, a través de ustedes se dirige también a sus colaboradores y, de hecho, a todos los obispos, sacerdotes y personas consagradas que se encuentran en todas las partes del mundo”.

1.- El nuncio es un hombre de Dios

“Ser un ‘hombre de Dios’ significa seguir a Dios en todo y por todo; obedecer sus mandamientos con alegría; vivir por las cosas de Dios y no por las del mundo; dedicarle libremente todos los recursos, aceptando con un espíritu generoso los sufrimientos que surgen como resultado de la fe en Él”, escribió el Papa Francisco.

“El hombre de Dios no engaña ni defrauda a su prójimo; no se deja ir a chismes y calumnias; conserva la mente y el corazón puros, preservando los ojos y los oídos de la inmundicia del mundo”.

Tras señalar que el hombre de Dios “no se deja engañar por los valores mundanos”, el Santo Padre señaló que debe resaltar en la vida de los nuncios la práctica de “la justicia, el amor, la clemencia, la piedad y la misericordia”.

“El nuncio que olvida ser hombre de Dios se arruina a sí mismo y a los otros, se sale del camino y daña también a la Iglesia, a la cual ha dedicado su vida”, precisó el Papa Francisco.

2.- El nuncio es un hombre de Iglesia

“Al ser un representante pontificio, el nuncio no se representa a sí mismo sino a la Iglesia y, en particular, al sucesor de Pedro. El nuncio deja de ser un hombre de Iglesia cuando comienza a tratar a sus colaboradores, el personal, las hermanas y la comunidad de la nunciatura como un patrón malo y no como padre o pastor”, señaló el Pontífice.

“Es feo ver a un nuncio que busca el lujo, los trajes y los objetos “de marca” en medio de  personas sin lo necesario. Es un antitestimonio. El mayor honor para un hombre de la Iglesia es ser ‘siervo de todos’”.

Ser hombre de la Iglesia, explicó el Papa, “también requiere la humildad de representar el rostro, las enseñanzas y las posiciones de la Iglesia, es decir, dejar de lado las convicciones personales”.

“Ser un hombre de la Iglesia significa defender valientemente a la Iglesia ante las fuerzas del mal que siempre intentan desacreditarla, difamarla o calumniarla”.

3.- El nuncio es un hombre de celo apostólico

“El nuncio es el anunciador de la Buena Nueva y al ser apóstol del Evangelio tiene la tarea de iluminar el mundo con la luz del Resucitado, llevar a Cristo a los confines de la tierra. Es un hombre en camino que siembra la buena semilla de la fe en los corazones de quienes encuentra. Y aquellos que se encuentran con él deberían sentirse, de alguna manera, interpelados”, explicó el Papa Francisco.

Tras señalar que uno de los desafíos de la tarea de los nuncios es la indiferencia, el Santo Padre resaltó que “la gloria de Dios brilla sobre todo en la salvación de las almas que Cristo ha redimido con su sangre. De ello se deduce que el compromiso principal de nuestra misión apostólica será procurar la salvación y la santificación del mayor número de almas”.

4.- El nuncio es un hombre de reconciliación

“Una parte importante del trabajo de todo nuncio es ser un hombre de mediación, de comunión, de diálogo y de reconciliación. El nuncio siempre debe tratar de ser imparcial y objetivo, para que todas las partes encuentren en él al árbitro correcto que busca sinceramente defender y proteger solo la justicia y la paz, sin dejarse nunca involucrar negativamente”, indicó el Papa Francisco.

“Si un nuncio se encerrase en la nunciatura y evitase encontrarse con la gente, traicionaría su misión y, en lugar de ser un factor de comunión y reconciliación, se convertiría en obstáculo e impedimento. Nunca debe olvidar que representa el rostro de la catolicidad y la universalidad de la Iglesia en las Iglesias locales dispersas en todo el mundo y ante los gobiernos”.

5.- El nuncio es un hombre del Papa

“Como representante pontificio, el nuncio no se representa a sí mismo sino al Sucesor de Pedro y actúa en su nombre ante la Iglesia y los gobiernos, es decir, concreta, implementa y simboliza la presencia del Papa entre los fieles y las poblaciones. Es hermoso que en varios países la nunciatura se llame ‘casa del Papa’».

“Ciertamente, todas las personas pueden tener reservas, simpatías y antipatías, pero un buen nuncio no puede ser hipócrita porque el representante es un enlace, o mejor dicho, un puente de conexión entre el Vicario de Cristo y las personas a quienes ha sido enviado, en una zona determinada, para la cual ha sido nombrado y enviado por el Romano Pontífice”.

Por lo tanto, resaltó el Papa Francisco, “es irreconciliable ser un representante pontificio y criticar al Papa por detrás, tener blogs o incluso unirse  a grupos hostiles a él, a la Curia y a la Iglesia de Roma”.

6.- El nuncio es un hombre de iniciativa

“Es necesario tener y desarrollar la capacidad y la agilidad para promover o adoptar una conducta adecuada a las necesidades del momento sin caer nunca en la rigidez mental, espiritual y humana, o en la flexibilidad hipócrita y camaleónica. No se trata de ser oportunista, sino de saber cómo pasar de la idea a la implementación teniendo en cuenta el bien común y la lealtad al mandato”.

7.- El nuncio es un hombre de obediencia

El Santo Padre resaltó que “la virtud de la obediencia es inseparable de la libertad, porque solo en libertad podemos obedecer realmente, y solo obedeciendo el Evangelio podemos entrar en la plenitud de la libertad. La llamada del cristiano, y en este contexto, la del Nuncio  a la obediencia es la llamada a seguir el estilo de vida de Jesús de Nazaret”.

8- El nuncio es un hombre de oración

El Pontífice recordó en este punto del decálogo una frase del Papa San Pablo VI de 1951 sobre la figura del representante pontificio: “Es la de alguien que verdaderamente tiene la conciencia de llevar a Cristo con él”.

“El Señor es el bien que no defrauda, ​​el único que no defrauda. Y esto requiere un desapego de uno mismo que solo se puede lograr con una relación constante con el Señor y la unificación de la vida en torno a Cristo”, indicó.

9- El nuncio es un hombre de caridad activa

Tras resaltar la importancia de llevar la oración a las obras a través de la caridad, el Santo Padre se refirió a un “peligro permanente, el peligro de las regalías. La Biblia define inicuo al hombre  que ‘aceptar regalos por debajo del manto, para desviar el curso de la justicia’»

“La caridad activa debe llevarnos a ser prudentes  a la hora de aceptar los regalos que  nos ofrecen para ofuscar nuestra objetividad y, en algunos casos, desafortunadamente, para comprar nuestra libertad. ¡Ningún regalo cualquiera que sea su valor debe esclavizarnos! Rechacen los regalos que son demasiado caros y con frecuencia inútiles o diríjanlos a la caridad, y recuerden que recibir un regalo costoso nunca justifica su uso”.

10.- El nuncio es hombre de humildad

Para concluir, el Papa Francisco recordó las Letanía de la humildad del Cardenal Rafael Merry del Val (1865-1930), Secretario de Estado y colaborador de San Pío X:

«Jesús, manso y humilde de corazón, haz mi corazón parecido al tuyo.
Del deseo de ser alabado, Líbrame, Señor
Del deseo de ser honrado, Líbrame, Señor
Del deseo de ser aplaudido, Líbrame, Señor
Del deseo de ser preferido a otros, Líbrame, Señor
Del deseo de ser consultado, Líbrame, Señor
Del deseo de ser aceptado, Líbrame, Señor
Del temor a ser humillado, Líbrame, Señor
Del temor a ser despreciado, Líbrame, Señor
Del temor a ser reprendido, Líbrame, Señor
Del temor a ser calumniado, Líbrame, Señor
Del temor a ser olvidado, Líbrame, Señor
Del temor a ser ridiculizado, Líbrame, Señor
Del temor a ser injuriado, Líbrame, Señor
Del temor a ser rechazado, Líbrame, Señor
Concédeme Señor el deseo de que otros sean más amados que yo,
Concédeme Señor el deseo de que otros sean más estimados que yo,
Concédeme Señor el deseo de que otros crezcan y susciten mejor opinión de la gente y yo disminuya,
Concédeme Señor el deseo de que otros sean alabados y de mí no se haga caso,
Concédeme Señor el deseo de que otros sean empleados en cargos y a mí se me juzgue inútil,
Concédeme Señor el deseo de que otros sean preferidos a mí en todo,
Concédeme Señor el deseo de que los demás sean más santos que yo con tal que yo sea todo lo santo que pueda».

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