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Aumenta tu devoción al Espíritu Santo: el ejemplo de Santa María de Jesús Crucificado

Aumenta tu devoción al Espíritu Santo: el ejemplo de Santa María de Jesús Crucificado
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Cerca de la fiesta de Pentecostés, os proponemos el ejemplo de una santa muy sencilla, una vida corta pero llena de carismas, y en la que destaca su amor al Paráclito, al Espíritu Santo.

María de Jesús Crucificado fue una carmelita árabe que vivió en el siglo XIX.

El Martirologio Romano cita: En la ciudad de Belén, en Tierra Santa, Santa María de Jesús Crucificado (Mariam) Baouardy, virgen de la Orden de las Carmelitas Descalzas, que, colmada de carismas místicos, unió la vida contemplativa con una singular caridad († 1878).

Fue Canonizada el 17 de mayo de 2015.

 

Oportunidad: Su relación con el Espíritu Santo

Maryam vivía del Espíritu Santo. Según testimonio de las hermanas de su comunidad, tenía una devoción extraordinaria al Paráclito, y siempre lo invocaba, para toda necesidad.

Os invitamos a repetir algunas de sus jaculatorias:

Espíritu Santo, inspiradme;

Amor de Dios, consumidme;

Al verdadero camino, conducidme;

María, Madre mía, miradme,

Con Jesús, bendecidme;

De todo mal, de toda ilusión,

De todo peligro, preservadme.

 

Venid, consolación mía. Venid, alegría mía. Venid, fuerza mía, luz mía, mi paz.

Venid iluminadme para encontrar la fuente donde apagar mi sed.

 

Algunas de sus enseñanzas sobre el Espíritu Santo:

-“El Espíritu santo nunca me rechaza, no me niega nada”.

-Le decía Jesús: “Quien invoque al Espíritu Santo me buscará y me encontrará; su conciencia será delicada como flor del campo. Si es un padre o una madre de familia la paz estará con su familia, y su corazón estará en paz en este mundo y en el otro. No morirá en tinieblas, sino en paz”

-“Deseo ardientemente que los sacerdotes digan cada mes una Misa en honor del Espíritu Santo. Quien la diga o la siga, será honrado por el mismo Espíritu Santo. Tendrá luz, tendrá paz, sanará a los enfermos, despertará a los que duermen”.

-“Tenemos al Espíritu Santo”. Le sorprendía esta gran gracia ofrecida a todos, si se dejan guiar por el Espíritu Santo. A la vez le dolía que no se aproveche este don en el mundo y también dentro de la Iglesia, y se viva como si no existiera el Espíritu Santo.

-“El mundo y las comunidades religiosas buscan novedades en las devociones, y descuidan la verdadera devoción al Paráclito. Por eso hay error, desunión, falta de paz y de luz”.

-“No se implora suficientemente al Espíritu Santo. Es su luz la que hace conocer la verdad. En los Seminarios se descuida la devoción al Espíritu Santo. Con él se tiene lo necesario para vivir en la luz, saber discernir dónde está el error para evitarlo. Es imprescindible”.

-“Entre los religiosos reinan persecuciones y envidia, y por eso el mundo está en tinieblas, porque los consagrados y sacerdotes, que son los que han recibido la llamada de atraer al Espíritu Santo sobre la tierra, y si ellos descuidan esta misión, por eso el mundo, y las almas que no conocen a Dios, está sumido en las tinieblas y discordias”.

-“Toda persona en el mundo o en las comunidades religiosas, que invoque al Espíritu Santo y le tenga una verdadera devoción, no morirá en el error”.

-“Todo sacerdote que predique esta devoción recibirá la luz mientras habla a los otros”.

– “Esta mañana yo estaba triste porque no sentía a Dios. Me parecía que mi corazón era como de hierro. No podía pensar en Dios; e invoqué al Espíritu Santo y le dije: Eres tú quien nos da a conocer Jesús. Los apóstoles permanecieron con él mucho tiempo sin comprenderlo; pero una gota tuya abrió sus mentes para comprender. Tú harás que yo pueda comprender también. Ven mi consolación; ven, mi alegría, ven, mi paz, mi fuerza, mi luz. Ven, ilumíname para encontrar la fuente donde pueda apagar mi sed. Una gota tuya me basta para mostrarme a Jesús tal como él es… Y yo sentí el fuego arder en mi corazón. El Espíritu Santo no me niega nada”.

 

Este es el núcleo de la experiencia de Mariam: La clave para entrar en su interior está en la entrega de su vida a la acción del Espíritu Santo

“Espíritu santo, ilumíname. ¿Qué debo hacer y de qué manera debo encontrar a Jesús?”

Inconsciente de la profundidad de su vida espiritual, Mariam se llamaba a sí misma “la pequeña nada de Jesús”, y esperaba todo de Él. El Espíritu Santo es quien la condujo en este camino de intimidad con Cristo.

 

En este mundo donde reina el relativismo y la confusión, y necesitamos la valentía santa de confesar a Cristo, la solución es el Espíritu Santo. Jesús lo dijo: “Él os recordará lo que Yo os he dicho”. Desde Mater Mundi os invitamos a recurrir mucho al Espíritu Santo.

 

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