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Entró en monasterio benedictino con 22 años y te explica por qué

Entró en monasterio benedictino con 22 años y te explica por qué
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(ACI) Fray Ignacio Esparza es un joven de 24 años que al terminar de estudiar en la Universidad de Navarra (España) decidió seguir su vocación y entrar en el monasterio benedictino de Leyre, en Navarra.

Según cuenta en una entrevista realizadas por Arguments, responder a la llamada de Dios “es un proceso en el que el protagonista es el Señor, y en el día a día el Señor te va llamando, muchas veces tienes la intuición desde antes de poder hacerla explícita”, asegura, y precisa que entrar en Leyre y ser fraile benedictino fue algo a lo que no pudo “decir que no”.

Cuando le preguntan qué fue lo que más le cuesta de la vida en el monasterio, el joven responde “medio en broma, medio en serio, levantarnos todos los días tan pronto” y que “todos los días sean iguales”.

Fray Ignacio asegura que en este tiempo ha aprendido que “hay que renovar cada día la entrega que has hecho al Señor. Todos los días tienes miedo, pero todos los días tienes la gracia para sobrellevarlo y uno aprende que no se trata tanto de qué va a pasar en el futuro sino que se trata de que el Señor para hoy y ahora te está dando la gracia y lo que tienes que hacer es coger esa gracia”.

Sobre la separación de su familia, el joven explica que aunque desde dentro de la clausura “uno está menos encima de lo que pasa en su familia”, a la vez “los lazos son más profundos”. “Igual por la escasez de momentos de estar con ellos, tienen mayor hondura”, afirmó.

El joven anima a quienes se plantean su vocación a que “se lancen de cabeza, sin dudarlo” porque Cristo, “llame a lo que llame, todas las vocaciones son una entrega al Señor y todos los caminos que se pueden elegir en la vida vistos con fe, terminan siendo caminos hacia el Señor y esto es lo único esencial en la vida. Es lo mayor que tenemos”.

Además destaca el don del celibato para “quien se plantee una vocación de especial entrega al Señor”. “Es una vocación muy gozosa donde el Señor te colma por entero”, afirmó.

Como segundo punto precisa que “también debemos cambiar nosotros mismos, para que este monasterio, esta sociedad monástica que formamos, nos acerquemos más al Señor como comunidad”

“San Benito dice que no antepongamos nada a la obra de Dios, a ese trabajo nuestro como monjes, que es el rezo de la liturgia”. “Lo más bonito de esta vida es que en los quehaceres diarios, que son lo más prosaico como estar en la cocina, en la plancha o fregando el suelo”, se puede “encontrar ahí al Señor y el amor del Señor”, asegura.

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