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Carta desde el Desierto: Padre Christopher Hartley

Carta desde el Desierto: Padre Christopher Hartley
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Por fin ¡¡EL AUTOBÚS!! 

Queridos Amigos de la Misión

 

Gracias a todos vosotros, lo que ayer era un sueño, hoy es una realidad. Os escribo esta carta desde Addis Ababa, a donde he venido para recoger el autobús; os escribo a medias, entre emocionado y agradecido, porque, ¡por fin! Lo que parecía un sueño imposible se ha hecho realidad. ¡Aquí lo tenéis, 38 plazas, ayer lo recogí en Addis Ababa y ya va camino de Gode! Como sabéis, nuestro PROYECTO TAMARA, para mujeres enfermas de SIDA o de otras enfermedades, terminales o al menos graves, estaba terriblemente necesitado de un medio de transporte adecuado para traer, mañana y tarde a estas mujeres y a sus hijos pequeños al hogar de la Iglesia, que con vuestra ayuda construimos hace unos años y que se llama “Galilea”.

Algunos de los niños de Proyecto Tamara, muchos de ellos enfermos de SIDA Sois muchísimos los que habéis contribuido con vuestros generosísimos donativos y sacrificios a la compra de este vehículo. A todos os damos las gracias, en nombre de la Iglesia Católica y de modo particular, en nombre de tantas mujeres y niños sin voz, verdaderos desguaces y deshechos humanos de quienes aquí, nadie se apiada. Durante la construcción del edificio de la misión, la Iglesia se ha hecho presente día a día en la comunidad local, visitando a la población.

Con frecuencia, era requerida para visitar a algún enfermo, y así, se ha abierto un camino de contacto con aquellos que no tienen nada ni a nadie que se preocupe por sus necesidades básicas, “cristos” rotos, “cristos” abandonados. Además de jugar con los niños y hablar con sus madres, usamos estas conversaciones para descubrir a los miembros de la comunidad más vulnerables. Inmediatamente, comenzamos a llevar a niños y mujeres enfermas al hospital local. En el curso de estas visitas a sus casuchas infames, descubrimos que muchas de las personas con las que habíamos entablado contacto, estaban enfermas de SIDA, por lo que las llevamos al Hospital Regional para su tratamiento.

En ese momento, el Hospital solicitó nuestra cooperación para buscar a aquellos pacientes con VIH-SIDA que habían abandonado el tratamiento. A raíz de esta cooperación, la Iglesia ha comenzado un memorando de entendimiento con el Hospital Regional, con el apoyo de nuestro Vicario Apostólico, el obispo Angelo Pagano, OFM, Cap. Muchas de las mujeres con las que hemos contactado, trabajan en los prostíbulos de Gode (eufemísticamente llamados “ buna bet” = cafetería). Sirven como camareras, chicas de la limpieza, etc. Y también como prostitutas. Estas jóvenes mujeres tienen con frecuencia menos de 25 años, cargadas de niños pequeños y no cuentan con otros medios de subsistencia, sólo lo que ganan en el prostíbulo. Aunque la mayoría de estas mujeres son prostitutas “independientes”, una vez en el prostíbulo, empiezan a trabajar bajo la autoridad de la “madre” de la casa, quién las alimenta y da cobijo (aunque muchas de ellas todavía se tienen que costear parte del alquiler).

No son prostitutas por elección, sino por necesidad, perdiendo así el sentido de autoestima y respeto por sí mismas. Piensan que no tienen otra elección y, aunque tienen una idea muy vaga del peligro que supone contraer el SIDA y otras enfermedades, lo consideran un riesgo necesario que tienen que correr para poder enfrentar las dificultades económicas con las que cuentan. Estas mujeres proceden de diferentes puntos geográficos y, por lo tanto, diferentes zonas culturales de Etiopía. Estamos en contacto con mujeres procedentes de las regiones de Tigray, Amara y Oromia, así como con algunas pertenecientes a la comunidad somalí local. El “imán” que ha atraído a la mayoría de ellas ha sido el movimiento de las fuerzas de seguridad, con una presencia muy importante en la ciudad de Gode. Cada mujer cuenta con su propia historia, que se desarrolla como una verdadera pesadilla.

Os recuerdo que el motivo de la compra de este autobús era que, al no existir servicio de autobús, los habitantes solo pueden acceder a un servicio de moto-taxi, que es bastante caro, para llegar hasta el complejo de la Iglesia. Nuestro proyecto nos ha llevado a transportar, ida y vuelta, a las mujeres y a sus hijos que asisten al Proyecto Tamara a diario. Haciendo imposible aumentar el número de mujeres e hijos que asisten al proyecto por la falta de espacio en los dos coches que tenemos. Este autobús nos dará ahora la posibilidad de traer un mayor número de mujeres y niños en cualquier momento a Galilea. Esto será mucho más eficiente y permitiría que el actual personal esté más presente con las mujeres y los niños que asisten a la formación y a la guardería; También se nos abriría la posibilidad de comenzar la enseñanza primaria para los hijos mayores de estas mujeres y para los niños que viven demasiado lejos de las escuelas en la ciudad (en la actualidad hay un pueblo cercano a nosotros y la ciudad se está expandiendo rápidamente).

Las madres bañan a los niños nada más llegar e inmediatamente desayunan y ¡comen como leones! Hemos empezado con ellas talleres de manualidades, de forma que adquirirán las habilidades necesarias para ser capaces de vender los productos que realizan con sus propias manos (en lugar de venderse a sí mismas). De esta manera, hemos comenzado a enseñarles cómo hacer bolsos y carteras para venderlas posteriormente. Esto no solo constituye un medio de subsistencia, sino que también es una forma de aumentar su autoestima, cuando ven que son capaces de realizar por sí mismas coloridos artículos artísticos y no necesitan de venderse a un hombre para estar de pie por ellas mismas. De esta manera, las mujeres salen durante unas horas al día del ambiente de los prostíbulos y las calles de Gode. Estas clases están teniendo lugar en el edificio de la misión que llamamos “Galilea”, en recuerdo de las palabras de la Revelación en la Palabra de Dios: “En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: «Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea.

Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con él.” (Hechos de los Apóstoles: 10, 34-38) Así como Jesús empezó su obra de salvación en aquella Galilea, aquí, en este secarral somalí, dónde ha comenzado la Iglesia Católica sus obras de amor y a revelar el amor de Dios manifestado en Cristo, para nuestra salvación. Esta es nuestra “galilea”. Acompañamos a cada mujer y a sus hijos (si están enfermos) al hospital o a la clínica médica, a sus citas del tratamiento de VIH y costeamos sus análisis de sangre o cualquier otro análisis que necesiten (normalmente estos no son gratuitos y ellas no tienen cómo costearlos). Debido a la inestabilidad y movilidad de la vida de estas mujeres, la educación de sus hijos se encuentra muy descuidada y es muy pobre.

Planeamos matricular a estos niños en la Escuela Infantil que abriremos próximamente en la misión. Rodeando a la escuela, se encuentran poblados alejados de la ciudad, por lo que los niños no pueden acudir a la escuela ni disponen de asistencia médica, si algo les ocurre. Por lo tanto, también queremos que estos niños acudan a nuestro centro. Esto significa que abriremos dos clases de Educación Infantil (con entre 25 y 30 niños cada una), como complemento a las clases de manualidades que ya hemos comenzando con las mujeres. Como hemos mencionado anteriormente, esperamos servir a entre 50-60 niños y niñas, algunos de los cuales son los hijos de las mujeres que asisten a las clases de manualidades mientras que otros pertenecen a las comunidades vecinas. 30 mujeres vulnerables divididas en grupos de 10 durante el primer año.

Pero por encima de todo, lo que de verdad nos importan es que puedan experimentar el amor de Dios, revelado por Jesucristo, Dios hecho hombre, en el único rostro posible, que es el de la Iglesia Católica, en cada uno de nosotros los misioneros. Ellas son para nosotros pedacitos rotos del cuerpo de nuestro Dios crucificados, ellas y sus hijos llevan las llagas y los desgarros de la pasión. Mujeres, niños, multitudes de gentes crucificadas por la maldad de tantos y la indiferencia de los demás. A todos os damos las gracias en nombre de tanta gente pobre que no pueden hacerlo por sí mismos. Le pido a la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia, Madre de los misioneros y Madre de los pobres, que a todos nos cubra con su manto bendito. Ante el Sagrario de la misión oramos cada día por todos vosotros.

Padre Christopher

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